Una ciudad híbrida

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“Vivimos en un mundo poblado por estructuras: mezclas complejas de construcciones geológicas, biológicas, sociales y lingüisticas, que no son otra cosa que acumulaciones de materiales formados y solidificados por la historia.”

Manuel DeLanda, Mil años de historia no lineal.

LA CIUDAD, UN PROCESO DE MINERALIZACIÓN:

En Mil años de historia no lineal (1997) Manuel DeLanda explica la historia de los últimos mil años de civilización occidental y de sus ciudades como la expresión de procesos de auto-organización de tres materiales no humanos: la geología, la biología y la lingüística. Al final de la introducción del libro afirma:

“Las páginas que siguen no serán una crónica del «hombre» y sus logros históricos, sino una reflexión filosófica sobre la historia de la materia y la energía en sus diferentes manifestaciones, así como de sus múltiples coexistencias e interacciones. A los diferentes materiales geológicos, orgánicos y lingüísticos se les permitirá hablar, y el coro de voces resultante nos proporcionará una nueva y más fresca perspectiva de los distintos procesos y acontecimientos que dieron forma a la historia del pasado milenio.”

Este punto de vista –que entiende lo humano inserto en un entramado de materia y energía que le afecta de forma dinámica– permite entender la historia de nuestras ciudades de una forma muy interesante, pues desplaza al hombre del centro y no establece dicótomas ni jerarquías entre lo orgánico y lo inorgánico o entre lo natural y lo artificial.

En este sentido, DeLanda describe el surgimiento de las ciudades como un proceso de mineralización  –como una infiltración geológica– similar a la que se produjo hace quinientos millones de años en los organismos de tejido blando para dar lugar al esqueleto. Según DeLanda: “Hace aproximadamente ocho mil años las distintas poblaciones humanas comenzaron una nueva fase de mineralización cuando desarrollaron un exoesqueleto urbano: los ladrillos de barro secados al sol se convirtieron en el nuevo material de construcción para edificar casas, y la piedra para monumentos y muros defensivos. Dicho exoesqueleto sirvió para un propósito similar a su contraparte interna: controlar el movimiento de la biomasa humana dentro y fuera de los muros de la ciudad.”

LO URBANO, UN SISTEMA DE FLUJOS:

Si seguimos la tesis de DeLanda podemos pensar lo urbano como una gran infraestructura que regula y permite tanto el movimiento como el descanso de los humanos, pero que también permite el flujo de mercancías, alimentos, información y desechos.

Esta perspectiva nos permite percibir los centros urbanos y los cuerpos de sus habitantes como sistemas dinámicos, vinculados y recorridos por flujos de materia y energía. Si entendemos lo urbano de esta forma no es difícil entender nuestros cuerpos insertos en un flujo constante de materiales, energía y materia orgánica que nos traspasa continuamente haciendo uso de una gran red de infraestructuras.

En el segundo capítulo del libro DeLanda nos habla sobre los flujos de materia orgánica (alimento), describiendo las ciudades como entidades parasitarias que extrae sus recursos de sus regiones más  cercanas y también más alejadas (mediante procesos como la conquista y la colonización). 

Estos flujos de materiales y recursos se almacenan y recorren una serie de infraestructuras para llegar a nuestros cuerpos. Una vez dentro de nosotros, recorren nuestros órganos y arterias para volver a ser excretados y fluir por un nuevo tipo de conductos que los alejan de nuestros cuerpos.

CYBORGCIUDADES:

Este punto de vista nos permite también entender todas estas estructuras como extensiones de nuestros propios cuerpos –que nos hacen llegar el alimento, el agua o la información y permiten deshacernos de lo que descartamos y excretamos–. Esta imagen disuelve las fronteras entre las infraestructuras y lo corporal, acercándonos a la idea de híbrido introducida por Haraway en el año 1985 en su Manifiesto Cyborg

sta idea del Cyborg a la escala urbana podemos mencionar  autores como Nick Heynen, Maria Kaika y Erik Swyngedouw,
Centro de datos Google, en Carolina del Sur

Si acercamos esta idea del Cyborg a la escala urbana podemos mencionar  autores como Nick Heynen, Maria Kaika y Erik Swyngedouw, que han desarrollado un marco de análisis que incorpora lo ecológico a lo social y que han denominado como ecología política urbana (EPU). Desde el punto de vista de la EPU la relación de lo urbano con la naturaleza debe ser pensada como un cuerpo híbrido –como un cyborg–  que subvierte lógicas binarias como natural-artificial. Swyngedouw habla incluso de Cyborgciudades (Cyborgcityes) y entiende los procesos de circulación y metabolismo antes mencionados como híbridos ‘ socio-naturales‘.

 el simple ejercicio de poner un poco de agua en una taza desencadena toda una narrativa que pone de manifiesto los poderosos procesos socio-ecológicos
NY Daily News

Es muy ilustrativo como Swyngedouw, en The city as a hybrid, utiliza la típica imagen de unos niños abriendo un hidrante de los bomberos en Nueva York como ejemplo de producción socio-natural. Según el autor, el simple ejercicio de poner un poco de agua en una taza desencadena toda una narrativa que pone de manifiesto los poderosos procesos socio-ecológicos que producen lo urbano: visualizando los espacios de privilegio y exclusión, la posibles enfermedades transmitidas por el agua, la especulación, las posibles reacciones y transformaciones químicas –físicas y biológicas–, los ciclos hidrológicos y de calentamiento global, las estrategias de los constructores de represas o el conocimientos de los ingenieros. En definitiva, una simple taza de agua encarna múltiples historias de la “ciudad como un híbrido”.

CONCLUSIÓN:

Tanto las posturas de Manuel DeLanda, como las de Heynen, Kaika y Swyngedouw incorporan un cambio de perspectiva en nuestra visión de lo urbano, disolviendo dicotomías e incorporando problemáticas ecológicas a lo urbano y lo social. DeLanda incorpora un punto de vista material que desplaza lo humano y las teorías de la EPU permite vincular lo medioambiental con lo social, permitiéndonos percibir la ciudad como una red de procesos socio-ecológicos.